Episodio 007 Emprendimiento & Éxito. El podcast para emprendedores digitales
¡Muy buenas emprendedor inconformista!
Nuevamente me pongo en solitario delante del micrófono para hablarte de un tema que ya traté en el blog hace un par de años y que he querido reeditar.
De hecho, debajo del reproductor del podcast tendrás en texto el artículo por si te apetece echarle un vistazo.
¿Cuántas veces le damos mil vueltas a la cabeza al hecho de cómo ser un profesional diferente? Sentimos que es tan difícil diferenciarse.
Pero… ¿Y si no es necesario hacer mucho para ser un profesional diferente?
A día de hoy cada vez está más en desuso ciertas cualidades sociales o humanas como la empatía, la cordialidad, la simpatía… que pueden facilitarte esa distinción.
Y no dudo lo más mínimo que como persona emprendedora tú las posees, así que simplemente consiste en potenciarlas 😉
Te lo cuento todo en el podcast.
¿Preparado?
Cada vez somos más profesionales…
Cada vez somos capaces de hacer más tareas…
Cada vez manejamos más programas, herramientas, aparatos…
Cada vez intentamos ser más multitarea (aunque sea imposible)…
Y cada vez nos olvidamos más de lo principal, o al menos lo primero a tener en cuenta, si de verdad quieres ser profesional. Un profesional diferente a día de hoy.
Somos personas. Trabajamos con personas. Los negocios se hacen entre personas
Llevo ya mucho tiempo comprobando que cuanto más nos metemos dentro del mundo 2.0 más parece que nos olvidamos que todo se acaba desarrollando en el 1.0, entre personas. Que los negocios son entre personas como te decía.
Gracias a internet, no tenemos límites. ¡Y eso es maravilloso!
¿Quién le iba a decir a nuestros padres que su negocio, o el de la empresa en la que trabajaban, podría ser infinito, que no tendría que dedicarse si quería solo a las personas de su alrededor?
Si mis abuelas llegan a tener las posibilidades que tenemos nosotros hoy a nuestro alcance… Como suelen decir… ¡Capitán General habrían sido!
¡Fijo que de haber podido se habrían comido el mundo!
Menudas eran mis abuelas.
Pero bueno, dejémoslas descansar en paz y volvamos a lo nuestro.
Cuanto más utilizamos y nos aprovechamos del mundo 2.0 más nos olvidamos del 1.0. Del mundo real, del cara a cara… Donde en realidad suceden las cosas.
Soy el primero que “amo” internet. Gracias a ello, esto no tiene límites.
He conocido, o estoy conociendo, mucha gente que de otra forma hubiese sido imposible…
Me formo continuamente de una manera que hace solo 5 años era casi impensable…
Pero al final todo esto hay que llevarlo al mundo real, a las personas.
Las relaciones son entre personas, los negocios se realizan entre personas y no me cansaré de repetirlo desde el episodio 0. Y parece que nos hemos olvidado de ello.
Y aunque parezca extraño, a día de hoy hay factores que antes existían bastante más que ahora y que, por tanto, pueden diferenciarte del resto. (Aunque pueda resultar triste). Puedes convertirte en un profesional diferente gracias a ello.
Hay características, factores, cualidades… diferentes variables que aunque resulte extraño, por desuso, se están convirtiendo en diferenciadores en las relaciones profesionales.
Aspectos tan sencillos como la amabilidad, simpatía, empatía…
Si quieres que tu negocio tenga éxito, tú has de ser en primer lugar una persona exitosa y no puedes serlo si te olvidas de atributos tan fundamentales como estos.
Si eres capaz de que ello forme parte de ti, aunque suene triste decirlo, tendrás una ventaja competitiva en relación a la mayoría de profesionales.
Educación
Y no me estoy refiriendo a tener estudios, sino a la cortesía y urbanidad de la que hablaría el diccionario.
Tener buenos modales y ser una persona correcta.
Puedes pensar que eso es fácilmente así en la inmensísima mayoría de los profesionales. ¡Pues quien lo diría!
Cada vez, aspectos tan sencillos como éste, se sobreentienden, porque lo que es comprobarse…
Te voy a poner un pequeño ejemplo real, vivido en primera persona.
Nos han cambiado unas tuberías en la vivienda porque las viejas estaban… pues eso, ¡viejas!
Si alguien viene a mi vivienda porque tiene que realizar algún arreglo, le ofrezco mi ayuda así como el hecho de que si puedo facilitarle cualquier cosa, me lo indique y así lo hago.
Yo no iría por casa de un desconocido por donde quiera, ni abriría muebles ni cajones sin permiso. Seguramente estás pensando que tú tampoco.
Pues el fontanero no debía pensar igual respecto a esos buenos modales, así que por abreviar…
Si no le pillo dejando por la tarde mi estropajo de fregar los platos, no me entero que sin permiso previo y sin yo saberlo lo había utilizado también por la mañana para limpiar manchas que había hecho en el baño, incluida la taza del váter.
Evidentemente, después de la experiencia con ese “profesional” por mi parte no contaría con él jamás. (Ni con el estropajo 😉 )
Simpatía
A similares características o condiciones económicas, será muy, pero que muy probable, que el profesional elegido sea aquella persona que destaque en esta variable.
¡Piénsalo! ¿Tú a quién contratarías? Si las personas tienen cualidades y/o precios similares…
Es lo que podríamos llamar factor o capital simpatía.
Los negocios a fin de cuentas se realizan entre personas.
La mayoría solemos comprar más fácilmente y con más agrado a quien nos cae bien, a las personas con las que nos sentimos identificados, con quienes nos sentimos cercanos o quien nos llega al corazón.
De estos aspectos hablé hace bastante tiempo en un artículo del blog que titulé Paco «el hamaquero», por si te apetece echarle un vistazo.
Predisposición
Hace tiempo, escuche a una muy buena profesional decir de sus alumnos en prácticas:
“¡No entiendo a mis alumnos! Cuando yo trabajaba en la farmacia, evidentemente limpiar los cristales y la luna principal de la farmacia no entraba entre mis funciones, pero lo hacía y no me quejaba tanto. Cada vez hay menos predisposición, nos quejamos más…”
¡Cierto! Si eres farmacéutica y trabajas contratada en una farmacia no estás obligada a limpiar los cristales. Fijo que si miras el convenio y revisas las funciones, no está entre la de dispensar medicamentos y garantizar la atención farmacéutica.
Igual de cierto, que tanto trabajes por cuenta ajena como por cuenta propia, un profesional que se precie, será aquel que tenga buena predisposición y no quien se rija al 100% solo por lo que pueda poner sobre un papel y se “eche para atrás”.
Empatía
Cada vez carecemos más de esta capacidad cognitiva.
¡Cuánto nos cuesta ponernos en el pellejo del contrario!
Imagina esta situación.
Vas al médico. Al especialista que consideres. Por el problema que quieras. Y mientras tú esperas y él mira los resultados de las pruebas empieza…
“Me caguen…” “¡Ostias que chaperón!” “¡La que tiene…!”
Seguro que no hace falta ni que te diga los resultados porque te habrás muerto del susto antes.
Esta situación es inimaginable, ¿verdad? (O eso espero)
Pues, por suerte, no fue un médico el que lo hizo, pero una situación en la que mencionaban esas palabras, y muchas más, la viví hace muy poco con un profesional que me mandaron del seguro del hogar.
Quizá, la persona que no entiende de la tarea que realizas, necesite tener enfrente un profesional empático que le haga partícipe, le ayude a comprender la situación y no le asuste con su vocabulario, sino que cree sintonía, comprensión y cercanía.
Amabilidad
Cordialidad, actitud afable, atención… son características de aquel profesional amable. Un profesional diferente a día de hoy.
Todos sabemos lo que es tener delante de ti a un profesional que no cumple estos requisitos y nos gusta que aquella persona con la que nos topamos cumpla todas esas características.
Con frecuencia olvidamos que nuestros clientes son personas, meramente personas. Y por lo general, nos quedamos demasiado en una visión comercial.
Independientemente que sea el paciente de un médico, el alumno de un docente o el usuario de una farmacia… ¡todos ellos son personas! Ante todo personas.
Quien lleva esta característica dentro de su pack profesional destaca entre las que no de una manera enormemente positiva.
Sé un profesional diferente
Como has podido ver, no se trata de factores extraños, características extremadamente difíciles de aprender o cualidades para las que debas gastarte un dineral, como en un master, para conseguirlos.
Son aspectos básicos pero que por desgracia están en desuso.
Inclúyelos en ti. Inclúyelos en tu pack profesional.
De esta manera, quizá no tengas una formación más amplia o no puedas engordar tu curriculum para que llame más la atención, pero en el momento que empieces a mostrar esas cualidades, te abrirán puertas y llegarás más lejos.
¡Recuerda, una vez más, los negocios se hacen entre personas!
